[EDITORIAL] POR EL IMPARCIAL.
Siempre lo creímos, y así ha sido: el comunismo, más que un partido político, es una religión que, más temprano que tarde, resurgirá.
Parece estúpido que un hombre ecuánime (¿) como Adolfo Suárez aceptase en el hemiciclo, en bien de la democracia, a un partido político que no lo era: el comunista: Con ó sin peluca, Santiago Carrillo fue uno de los grandes asesinos de la historia, y formó parte, gracias a Adolfo, de parte de la circunferencia política española.
Y de aquéllos polvos, vienen estos lodos. Cuando Dolores Ibarrurri se sentó, por segunda vez en su escaño, constituyó una afrenta para la democracia, naciente, española. Ella no era demócrata, igual que Santiago, y les aceptamos.
De ahí salieron los comunistas catalanes, los vascos, gallegos…De esa permisividad que sólo desea la desunión de España por motivos que nosotros no sabemos, pero ellos sí. Se trata de instaurar de nuevo el Comunismo en España, lo mismo que han hecho en Venezuela, Bolivia, etc….Ahora tiran para el cono sur.
En estos instantes Rusia, que no ha dejado de ser jamás
Y en estos días, apantallados por el fasto de China, el mundo se pregunta si, más que fasto, no es una demostración de poder; del que aún disfruta el Comunismo en el orbe. Al chino que entregó las flores en la ceremonia de inauguración le sudaban las axilas –bueno, las mismas y todo el traje-. A lo mejor, no era por el calor.
Tal vez le susurraron al oido: “Pierde y perderás”.